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Un adulto mayor en situación de dependencia y su asistente personal

Mito y Marcela

Mito realizando ejercicios
Fecha: 21/11/2017
Autor: Sistema de Cuidados

Erasmo Iguini tiene 81 años. Vive en La Comercial junto a su esposa Cristina, quien se encarga de cuidarlo cada día desde que comenzaron a aparecer los síntomas del Parkinson.

Mito, así lo llaman familiarmente, se dedicó a la tornería durante toda su vida. Las ágiles manos de antaño, hoy tiemblan hasta para las actividades más simples, como agarrar una galleta o firmar en una hoja de papel.
Cristina todavía recuerda con nitidez el momento en el que se dieron cuenta de que algo no iba bien. Cuenta como un día, hace 4 años, al llegar a casa, le dieron ganas de comer algo de chocolate. Mito, como siempre en los últimos 50 años, no lo dudó y fue hasta el almacén por una tableta para cumplirle el gusto.
“Volvió con un ojo machucado” explica. “Yo no entendía si le habían pegado o que había pasado”, continúa. “No vi bien el cordón de la vereda y me caí”, dice Cristina que le contestó Mito. Ya no era el primer síntoma. Fue ahí que se dieron cuenta de que debían consultar a un médico para saber qué estaba ocurriendo. Fueron tiempos de estudios y visitas al sanatorio hasta tener el diagnóstico.
El proceso de dependencia de Mito es progresivo, las necesidades de ayuda fueron llegando poco a poco. Cristina y su familia estuvieron siempre ahí, todos los días.
Hace unos meses, una vecina le informó a Cristina sobre el Sistema de Cuidados y la posibilidad de tener un asistente personal para Mito. Cristina llamó al Portal y en seguida fueron a visitarlos a su hogar para valorar el grado de dependencia de su esposo.
En junio les notificaron que tenían derecho a la prestación y en ese momento contrataron a Marcela, la asistente personal de Mito. Ella va a su casa 4 horas por día de lunes a viernes.
Una ayuda diaria
“Ya es casi una más de la familia” afirma Cristina. “Es increíble ver como ha mejorado Mito desde que ella viene”, asegura.
Marcela ayuda a Mito con sus actividades diarias. También juega con él y realizan rutinas de ejercicios para estimular sus sentidos y retrasar el proceso de dependencia.
Marcela lleva años dedicándose a cuidar a personas mayores. Vivió ocho años en España, donde tuvo la oportunidad de aprender mucho sobre cómo ayudar a otras personas para que tengan mejor calidad de vida.
Además, está a punto de terminar la formación en atención a la dependencia en el marco del Sistema de Cuidados.
Muestra con orgullo la “bitácora”, un cuaderno donde diariamente anota lo que hizo con Mito y los cambios que aprecia con respecto a su estado. “Acá mismo le pido a Mito que firme, para ver cómo viene su pulso al escribir”, explica mostrando la última página del cuaderno.
Caminan despacio hacia el patio del fondo. Allí juegan a la “pulseada” y hacen girar un spinner.
Pero la rutina no termina ahí. “Todos los días le pido a Mito que le diga algo lindo a Cristina”, comenta Marcela, con una risa de Cristina y una mirada cómplice de Mito de fondo.
Los cambios son visibles en Mito, pero también en Cristina. “Ahora tengo algo de tiempo, puedo salir tranquila y no voy corriendo a hacer mandados o a visitar a mi hermana”, ejemplifica.